La más alta cúpula gubernamental no salía de su asombro. Se habían guiado por las cifras de Díaz Rangel quien dijo una semana antes que era probable que sólo participara un millón de votantes; las de Jesse Chacón advirtiendo que si no llegaban a 2 millones y medio no podrían ganar en octubre y las del coprófago nocturno que auguraba menos de medio millón. La sorpresa no fue por Capriles sino por los tres millones de votos, las colas en sitios rojitos y la voluntad de jóvenes y ancianos por mostrar su dedo entintado. Piensan que si cada votante lleva sólo uno más en octubre tendrán 6 millones de arranque. Se dieron cuenta que el discurso está agotado y ya no despierta emociones. Las peroratas interminables aburren, se oyen pero no se escuchan. Son demasiadas promesas incumplidas en 13 años. Las mentiras tienen piernas cortas. Sus ministros buchones sólo quieren irse a disfrutar sus dólares y euros. Los daños infligidos por su propia gente (coprófago de VTV en el primer lugar) son razones para salir de ellos. En el análisis dijeron que los partidos tradicionales se habían acabado y cumplido su ciclo. El drama de su enfermedad, por no ser claro, le está saliendo por la culata. Los asesores ya comenzaron a cuestionar y minimizar el triunfo opositor. Se les pasó la mano acusando al CNE. Están trastornados, muchos funcionarios jalando son espontáneos, harán todo lo posible por atacar a Capriles quien ayer dio una lección cuasi presidencial en su encuentro con la prensa. Le temen. Ojo con el TSJ y los voluntarios radicales. El jueves amplío…
PERNAMBUCO:
Durante estos trece años hemos vivido de escándalo tras escándalo. Nunca hemos tenido un dictamen de la Contraloría o de la Fiscalía que lleve a juicio y mucho menos preso a un ministro o a un alto jerarca del gobierno. Los sistemas bancarios de los paraísos fiscales se jactan abiertamente de tener los mejores nuevos clientes: Las fortunas hechas a costa del erario público venezolano.
Sin embargo, hay un caso que debe reventar más temprano que tarde y que dejará como juego de niños los atracos al erario nacional conocidos como los casos Cavendes, el fondo chino, la comida argentina, el maletín de Antonini, la destrucción del sistema eléctrico, los contendores de Puerto Cabello, entre otros. Me refiero a la tan nombrada Refinería de Pernambuco, en Brasil. Los venezolanos hemos quedado en ridículo ante el mundo entero cuando el Banco de Desarrollo de Brasil, BNDES, le ha negado un crédito a nuestra única empresa verdaderamente mundial -Pdvsa- por falta de requisitos, por falta de solvencia.
En mayo del 2005 el propio Hugo Chávez lanzó a los cuatro vientos que Venezuela y Brasil se asociarían para construir una de las refinerías más grandes del continente, todo dentro de la utopía que el mismo Chávez llama “Petrosur”. En esa oportunidad señaló, textualmente: “…ya se han realizado los estudios y ya se cuenta con el capital inicial para el proyecto”. Luego de desarrollar en las trasmisiones de Aló Presidente toda una verborrea sobre el nuevo eje de poder petrolero de Venezuela en el mundo, el propio Chávez aterriza en suelo brasilero en diciembre de ese mismo año 2005 para poner la primera piedra de este complejo refinador. Al lado de su homólogo brasilero, Luiz Inacio Lula da Silva, acompañaron a nuestro Jefe de Estado el ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez; el presidente de Petrobrás, Segio Gabrielli; el ministro de Minas y Energía del Brasil, Silas Rondeau y el gobernador de Pernambuco, Jarbas Vasconcelos.
En marzo del 2008 se monta de nuevo en el avión y va a la obra en construcción, para que el aparato de propaganda del gobierno difunda por el mundo entero la imagen y voz de Hugo Chávez señalando que “Venezuela invertirá en este proyecto 4 mil millones de dólares en tres años…, y será una expresión del “polo de fuerza de Sur América…al fin, al fin brota de la tierra un viejo proyecto…”.